Monday, February 28, 2005

El Amor está en todo lo que nos rodea

“Los dioses no tienen un nombre ni una imagen, pero al contemplar un inmenso tilo de verano vi de improviso los ojos profundos de unos dioses: con eso basta.” The Body of God, D.H. Lawrence

Nahuel Huapi - Patagonia - Argentina

A medida que nos hemos ido alejando de la naturaleza, también lo hicimos de nuestra espiritualidad.
Si conociramos nuestras estaciones, nuestros animales, nuestras aves y nuestros arboles, no solo averiguaríamos muchos detalles sobre nosotros mismos, también sobre el sendero q nos conduce a Dios en el lugar donde vivimos.
No existe una espiritualidad abstracta. La paradoja fundamental que enseñana muchas religiones es que lo absolutamente sublime se halla en lo absolutamente ordinario. Y es allí, en lo ordinario, lo de todos los dias, en donde se juega nuestra santidad. No en las grades manifestaciones religiosas o los magnos sacrificios. Nuestra espiritalidad se centra, enriquece y transforma en el trabajo, la familia, los amigos, la oracion sencilla de la mañana, es decir en cumplir con nuestras tareas ordinarias y de todos los dias con Amor, para en ellas encontrarnos con Dios y llevarlas a Dios.
Prestar atención a la naturaleza es un ejercicio espiritual tanto si le damos ese nombre como si no. Es una especie de contemplación.
Cuando nos transformamos en lupa, somos un medio en lugar de un sujeto, transparentes en lugar de llenos de ego. La Naturaleza nos traspasa dejando su luz en nuestros corazones. En ella podemos ver la poesía de nuestras vidas y esta observación nos conduce al espíritu.
La naturaleza nos revela que Dios está presente en el mundo en el que vivimos y por eso nuestra existencia espiritual depende de ella, de ahí que debamos protejerla.
Un paseo diurno por la montaña o un paseo vespertino por la orilla del mar podría procurarnos el secreto de nuestra identidad profunda si comprendemos que, en cierto aspecto misterioso, nos contemplamos a nosotros mismos.
Anoche pasé dos horas a oscura en la capilla de adoración de Ntra Sra de los Angeles, a la que acudo de vez en cuando, en los momentos en que me siento profundamente solo. Hace tiempo que sostengo la tesis de que la auténtica fuerza religiosa en el mundo no es la iglesia, sino el mundo mismo: las misteriosas llamadas de la Naturaleza y nuestras respuestas. En la capilla sentí una presencia; en el camino desde la calle 100 a la 78 sentí otra. Aparecieron dos divinidades distintas, y aunque tengo una imagen vaga de ellas, percibo la diferencia. El padre que llevo dentro veneraba a Dios en la capilla; el poeta, a otro Dios en otro templo. El padre veneraba la misericordia y el amor; el poeta, la belleza y el poder de Dios. En las sombras de la capilla oí el rezo de hombres y mujeres; en las sombras de los árboles nada humano se mezclaba con la divinidad. Mientras me hallaba en la capilla soñanado junto con otros fieles, noté como el resplandeciente sagrario influia en mis sentidos, los estimulaba y consolaba; cuando eché a caminar por la montaña observé que cada hoja y cada filamento de hierba revelaba o en todo caso anunciaba lo invisible…la presencia de Dios, el Amor.
Toda la naturaleza es Amor. El Amor de Dios nos rodea por todas partes. “Love Actually Is All Around” canta una cancion de Wet Wet Wet que dio nombre a una palícula que me emocionó mucho. Su amor es el agua que bebemos, y el aire que respiramos y la luz que miramos. Nos movemos dentro de su amor como el pez en el agua. Y estamos tan cerca de El, tan embebidos en su amor y en sus dones (nosotros mismos somos un don de El) que no nos damos cuenta de ello por falta de perspectiva. Su amor nos rodea por todas partes y no lo sentimos, como no sentimos la presión atmosférica.
La naturaleza es el amor sencible, meterializado, de Dios. Su providencia, su Amor, está visible en todo lo que vemos. Dios ha venido cuidando de la tierra por cuatro billones de años y ha cuiddo de las aves y los insectos por cien millones de años, pero a veces nos sentimos desvalidos y solos en el universo y andamos preocupados todo el dia como si nadie cuidara de nosotros. Olvidamos que Alguien está cuidando a cada instante cada uno de nuestros tejidos, regula el movimiento de nuestra sangre y la función de todas nuestras glándulas. Y cremos que un pequeño problema de la vida práctica nadie más que nosotros en todo el universo podría resolverlo.
Toda la creación nos grita estridentemente, con un gran grito, la existencia, la belleza, el cuidado y el amor de Dios. La música nos lo grita a los oidos y los paisajes nos lo gritan en los ojos.
Y la hierba verde es un pañuelo perfumado con las iniciales de Dios, y todas las criaturas son cartas de amor de Dios para nosotros. Son llamaradas de amor. La naturaleza toda está inflamada de amor, creada por el amor para encender el amor en nosotros.
La naturaleza es como una sombra de Dios, un reflejo de su belleza y un resplandor.
La naturaleza toda está llena de voces: todo en ella es canto y música; todos los seres susurran o suspiran, arrullan, trinan, silban, braman, aúllan, rugen, gimen, gritan, lloran o se quejan. El canto de las cigarras y los grillos y las ranas, y el silbido con que se llaman los pájaros, y todas las voces del campo, son oración.
Es por eso que no puedo dejar de mirar a las montañas, de atravesarlas, de caminar los rios o surfear las olas.

Mi dulce Uriel, tu que combates la ira, el odio, la impaciencia, poniendo en el corazón las virtudes de la dulzura, benignidad, paciencia y mansedumbre; concilianos con la Creación del Padre y haznos instrumentos de su amor.

El amor para el cual Tu Amor nos creó esté presente ante nuestros ojos y plasme íntegra nuestra vida

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