La cercanía de la Pascua me devuelve año a año sobre la misma pregunta, el sentido del sacrificio, aunque siempre lo había mirado desde afuera, tratando de entender el misterio de lo que Jesús había hecho por nosotros. Hoy por primera vez busco entenderlo desde dentro, aunque finalmente este hablando de lo mismo.

Retiro de soledad y silencio - Pascua 2005
He sentido el dolor del sacrificio en la toma de decisiones personales o en los golpes de la vida. En todos los casos el sacrificio me ha llevado a vaciarme de mi voluntad personal para dar espacio a lo sagrado. Lo que por años no fue un acto de conciencia, de unos años a esta fecha a pasado a ser algo que reconozco, y aunque mi cobardía suele seguir escapandose a la voluntad de Dios, las veces que dejo traspasar por ella puedo sentir la victoria del espíritu desbordandome y atravesando las cosas que me rodean.
Siempre que renuncio a algo es para obtener algo a cambio, de lo contrario sería mazoquista. La palabra “sacrificar” significa convertir algo en sagrado, y esa es la forma principal de santificar la vida. Dejando de lado los grandes sacrificios, me siento responsable por sacralizar (santificar) todo mi organismo de vinculaciones: con Dios, conmigo mismo, mi familia, amigos, trabajo, la naturaleza. Pero he aqui que estamos en Pascuas, que nos recuerda el sacrificio de Jesus, el más grande que hiciera. Por eso quiero reflexionar sobre esos grandes sacrificios que afectan mi vida.
La vida me ha ofrecido múltiples oportunidades de hacer sacrificios. Mi divorcio, la lejanía física con Pilar (mi hija), mi mudanza a Colombia, el inicio de una nueva empresa, la soledad, son sacrificios que han intensificado el carácter santo de mi vida. (aunque vale aclarar que estoy bien ejos de la santidad que me gustaria alcanzar)
La humildad que recibo en cada renuncia no es una humillación intencionada de mi ser, sino el reconocimiento de que mi humanidad solo halla paz en el vacío que me forjo en cada sacrificio.
Hoy en día es fácil restarle importancia al sacrificio, es más, renunciar a algo que nos cuesta parece más bien anacrónico. Sin embargo me siento profundamente realizado cuando me abro a la vida, con todo los lindo y feo que esta tiene, en lugar de obsecionarme solo con alcanzar logros y triunfar. Me siento pleno cuando soy conducto de poder en lugar de generador.
En cada sacrificio me voy transformando un poquito, y siento que progresivamente mi vida adquiere un carácter sagrado. El sacrificio debilita mi ego y permite que el alma profunda asuma su lugar, entonces me vuelvo menos necesario. Siento que la vida fluye amablemente a traves mio, y no me pertenece, pero traspasa cuanto me fue dado y a cuantos me fueron confiados.
Muchas veces me e sacrificado por otra persona o una ideología y cada una de esas veces me sentí estúpido o maldito, lejos de un sacrificio verdadero. El sacrificio solo es útil si el destinatario de mi renuncia representa lo infinito. En un sacrificio lo que cuenta es el destinatario de la ofrenda y el único merecedor de sacrificio es Dios. Por eso, cuando encuentro un objeto merecedor de sacrifico, encuentro a Dios. Y cuando me sacrifico "en" esa persona, causa o empresa, por Dios , por Amor, entonces me corazón se llena y reboza de paz y alegría (siendo sincero conmigo mismo me sobran los dedos para contar las veces que me he sentido así, en general soy cobarde, egoista y aunque veo lo que El quiere de mi, sigo el camino más facil)
Se me presentan oportunidades de sacrifio muchas veces al día, pero he notado a lo largo de mis dias que, las veces que me fueron exigidos sacrifios difíciles, fue porque me preparaba para esos momentos de mi vida en que Dios me pide que ocupe menos espacio del habitual. Este es uno.
A jirones voy quedando entero,
ya casi no me hago falta.
ya casi no me hago falta.


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