Monday, January 01, 2007

HOY SOÑÉ… pero estoy seguro que un sueño no fue

Esta mañana, como todas las mañanas, desperté y contemplé tu sonrisa plácida mientras dormias estirando tu brazo hacia mi. Un rayo de luz se posaba suavemente sobre tu rostro que parecía iluminarse desde dentro. Te acaricie el cabello por un rato sin retirar mi mirada de tus labios, tenías el torzo apenas destapado descubriendo algo de tus senos. Entonces desde mi corazón brotó las palabras del Cantar de los Cantares: “¡qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres. Paloma son tus ojos. Tus cabellos lacios y dorados parecen una ola poniendose sobre tu rostro en el ocaso. Tu hermoso cuello se extiende como el marmol de la torre de David. Tus dientes como un rebaño de obejas. Tus labios, como cinta escarlata, y tu hablar, melodioso. Mitades de granada son tus mejillas. Tus pechos son dos crias de gacela pastando entre azucenas…”. Bajé mi mano hasta tu pancita que lleva a nuestro bebé, de unos 5 meses. Reposé mi mano allí como quien bendice un rostro, dije una oración en silencio. Mis ojos se aguaron, volvi a dar gracias a Dios y lentamente para no despertarte me incliné sobre nuestro bebé y les cante despacito “no siento penas” de Juanes. Luego de un rato le pedí permiso para ir a preparar el desayuno a mami, algo que ritualmente repito cada domingo…y uno que otro día para sorprenderla. A ti te gustan los croisants recién horneados y almibarados, maña que se te pegó de nuestros viajes a Buenos Aires, y claro está, también de mi. Preparé un chocolate para ti y el bebé, y un latte para mi. Corte un trozo grande de papaya y lo partí en cubos ti, por más que haz intentado hacer regular mi consumo de frutas no lo haz logrado, “claro”, me dices, “como cambiar un hábito de 40 años”, yo me sonrio y te saco unos trocitos mientras te miro diciendo “lo que tu quieras amor” para darte el gusto. Coloqué todo sobre la mesa de cama, quite una flor del florero de la sala y la agregué a un costado de la misma. Puse música de Caetano Veloso que sonara suave, me acerqué a la cama, dejé la mesa a un costado, me incliné sobre ti y comencé a darte besitos en tu frente, rostro y cuello, me regalaste una sonrisa tierna y llena de amor, mientras haciendo tu típico gesto de niña consentida me pedías más. Luego de dos “te amo” que fueron y vinieron, te sentaste con mi ayuda en la cama, coloqué tu desayuno sobre tus piernas. Con una mano me acariciaste el rostro, mientras con la otra recogiste la flor y la acercaste a tu naricita pequeña. Tomé uno de los croisants y te lo di en la boca. Te acompañé con mi latte. Luego nos duchamos y salimos a caminar por el parque, en el morral que comencé a usar cuando quedaste embarazada e iniciamos nuestro ritual de caminatas, llevo siempre un libro de cuentos, una biblia, una botella de agua y auriculares dobles para cuando nos sentamos en el cesped a leerle a nuestro bebé o nos relajamos para regalarle algo de música. Tu dices que al bebe le gusta Juanes y Coldplay, yo digo que Moloko y Bob Sinclaire, es probable que le guste toda la música. Ya sentados en el cesped el sol nos acaricia, hacemos una oración de agradecimiento a Dios y comienzo a leerle la parábla del sembrador del evangelio de Mateo, cada tanto tu me interrumpes para explicarle dulcemente qué quiere decir Jesus en ella. Y yo vuelvo a dar gracias a Dios por haberte encontrado, por tu amor, por estar ambos tan enamorados, por tu alegria, tu risa fácil que ilumina todo lo que está a su alrededor, por nuestro hijo que llevas en tu vientre.
Desperté y comprendí que no había sido un sueño, mi Angel travieso se había burlado del espacio-tiempo y se adelantó a mostrarme un trozo de lo que el Padre Bueno me tiene preparado. Repasé en mi mente brevemente su imagen y no coincide con nadie que conozca. Ayer le decia a Earl que solo tengo preguntas para el 2007, que tengo la certeza de que Dios me regalará lo mejor para mi, aunque eso sea solo el desierto. Donna me consolaba diciendome que no había mejor bendición que la soledad, para luego desdecirse diciendo “I know you ought to be a father a daddy, but don’t worry Big Daddy (Dios) know it”. Hoy, 31 de diciembre, parece un imposible, (o simplemente un obstáculo a salvar con la adopción de un niño, sin necesidad de regalarle una madre) la esperanza de formar una familia cristiana que guardo en secreto en mi corazón, se que será una realidad. Tengo la certeza de que no fue un sueño, fuiste Tu quien me quiso alentar en mi difícil camino de santidad para que me fuera más fácil seguir adelante. Entonces eché a llorar de alegria abrazado a mi almohada, sabiendo que este año sería especial y que esperaría encontrarte sin importar el tiempo que me lleve. AMÉN

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