Friday, October 05, 2007

CUIDADO TIERNO

Ling mendigaba la comida, velaba el sueño de su amigo Wang-Fo y aprovechaba sus éxtasis para darle masajes en los pies. Al apuntar el día, mientras el anciano seguía durmiendo, salía en busca de paisajes tímidos, escondidos detrás de bosquecillos de juncos. Por la noche, cuando Wang-Fo, desanimado, tiraba sus pinceles al suelo, él los recogía. Cuando Wang-Fo estaba triste y hablaba de su avanzada edad, Ling le mostraba sonriente el tronco de un viejo roble; cuando Wang-Fo estaba alegre y soltaba sus chanzas, Ling fingía escucharlo humildemente.” Marguerite Yourcenar de “Cómo se salvó Wang-Fo”

Cada día gastan los países del mundo 1,8 millones de dólares en armamento militar. Cada hora mueren 1.500 niños de hambre o de enfermedades causadas por el hambre. Cada día se extingue una especie de animal o de plantas. Cada mes el sistema económico mundial añade 75.000 millones de dólares a la deuda del billón y medio de dólares que ya está grabando de un modo intolerable a los pueblos del Tercer Mundo. Cada año se destruye para siempre una superficie de bosque tropical, equivalente al tamaño de Bogotá.
Esta reflexión la escribo desde la urgencia de esta situación. Por todas partes aparecen síntomas que señalan grandes destrucciones en el planeta Tierra y en la humanidad. El proyecto de crecimiento material ilimitado, mundialmente aceptado, sacrifica a dos terceras partes de la humanidad, agota los recursos de la Tierra y compromete el futuro de las generaciones venideras. Será éste el fin del mundo del que se habla? Claro que no, más que el fin del mundo, estamos presenciando el fin de un tipo de mundo. Nos enfrentamos a una crisis civilizacional generalizada. Necesitamos un nuevo paradigma de convivencia que funde una relación de cuidado tierno con la Tierra, entre los pueblos, las comunidades y entre las personas sin importar quien sea, cómo sea o de donde venga.
Nos llamamos la sociedad del conocimiento y de la comunicación, sin embargo estamos creando cada vez más incomunicación y soledad entre las personas. Internet puede conectarnos con millones de personas sin que tengamos que encontrarnos con nadie.

Paradójicamente hablamos de amor, transformando esa palabra en un genérico que denota cualquier expresión de afecto, sana o egoísta, aunque más de ésta última. Transformando esa palabra en un genérico le hemos quitado su esencia, lo que la hacía diferente y la distinguía de las expresiones egoístas o enfermas de amor. En argentina llamamos a la mostaza: “savora” y a las hojas de afeitar “gilette”, cuando esas son marcas que de por sí tuvieron tanto valor y fueron tan poderosas que se transformaron en la forma en que la gente llamaba a los productos que representaban (la gente dice “déme una savora” para comprar cualquier tipo de mostaza.). Transformándose en genéricos perdieron la esencia, lo que las hacia diferente al resto. Lo mismo ha sucedido con el amor.
Nos enfrentamos a la necesidad de rescatar esa esencia, lo que hacia del amor, ser Amor. Esa esencia del Amor es el Cuidado, la dimensión pedagógica del Amor. La esencia humana no está solo en la inteligencia, en la libertad o en la creatividad, sino básicamente en el cuidado. El cuidado es el soporte del Amor. Lo que se opone al desinterés y la indiferencia es el cuidado.
Cuidar es más que un acto, es una actitud, representa ocupación, preocupación, responsabilización y compromiso –domesticación- con el otro.
El cuidado, tan olvidado, forma parte de la naturaleza humana. Sin cuidado deja de ser humano. Si no recibe cuidado, desde el nacimiento hasta la muerte, el ser humano se desestructura, se marchita, pierde el sentido y se muere. Si, a lo largo de la vida, no se hace con cuidado todo lo que uno emprende, acaba por perjudicarse a sí mismo y por destruir lo que lo rodea. Ya sea que se trate de una familia, el trabajo, la sociedad o el medio-ambiente.
Ahora, el cuidado solo surge cuando la existencia de algo o alguien tiene importancia para mi. Paso entonces a dedicarme a él; me dispongo a participar de sus búsquedas, de sus sufrimientos y de sus éxitos, en definitiva de su vida. Cuidado significa, entonces, desvelo, solicitud, atención, delicadeza.
Cuidar implica tener intimidad con lo cuidado, sentirlo cerca, acogerlo, respetarlo, darle consuelo y reposo.
Al decir de El Principito: “los esencial es invisible a los ojos, no se ve bien más que con el corazón” El sentimiento es lo que hace que personas, cosas y situaciones sean importantes para nosotros. Ese sentimiento profundo, lo repito, se llama cuidado. El corazón es el órgano del cuidado, porque es él el que logra ver más allá de los hechos.
Debemos poner cuidado en todo. Para eso es necesario desarrollar la dimensión espiritual que tenemos dentro. Eso significa reconocer pleno derecho a nuestra capacidad de sentir al otro, de tener compasión de todos los seres que sufren, humanos y no humanos, de obedecer más la lógica del corazón, de la delicadeza que la lógica de la conquista y el uso utilitario de las cosas.
Admitir la importancia vital del cuidado no significa dejas de trabajar y de intervenir en el mundo. Todo lo contrario el mundo nos necesita para que le regalemos en el trabajo, la familia, el colegio, la universidad, el barrio, un cuidado tierno. Significa ponerse al lado y al pie de cada cosa que queremos transformar, para que no sufra, para que crezca y se desarrolle integrada al ecosistema familia, sociedad, barrio, empresa.
Diría que la ternura es el modo de cuidar. La ternura cobra vida cuando el uno logra descentrarse de uno mismo y sale en dirección al otro, siente al otro como otro, participa de su existencia y se deja tocar por la historia del otro. La relación de ternura no produce jamás angustias porque no busca sacar ventaja ni dominación, no tiene segundas intenciones. La angustia del otro es mi angustia, su éxito es mi éxito.

El cuidado tierno y desinteresado no es una utopía, es una realidad que me esfuerzo en aplicar en mi propia vida, en mis relaciones afectivas, en mi trabajo, en mi relación con la naturaleza. Tal vez el lugar donde sea más difícil ejercitarlo, o siquiera imaginarlo, es en el ámbito laboral. Si en el trabajo todas las áreas de una empresa, en lugar de competir o proteger territorios, salen hacia las otras, tiernamente, con desinterés, sin segundas intenciones, entonces el clima de trabajo, el logro de objetivos y los resultados del negocio son los mejores que podemos lograr, sin contar el grado de satisfacción que se genera en uno mismo y los otros. Probablemente sea en nuestros trabajos, donde pasamos la mayor parte de nuestras vidas, el lugar en el que tengamos más espacio para ejercitar el cuidado tierno, y el que representa el mayor desafío. Tener una sonrisa pronta para todos aquellos con los que me cruzo, una palabra de aliento, una palmada en la espalda, una oferta sincera de ayuda –antes de que nos sea pedida-, una mirada atenta, y una actitud integradora y de encuentro, en lugar de competencia, una voluntad de acercar las partes en vez de aliarse a una de ellas. Dejar que brillen los otros, mientras uno disfruta sus alegrías y sus logros como propios.
y si aun te quedan dudas de lo que estoy hablando, este video es probablemente el mejor ejemplo de lo que encierra el cuidado tierno....ojalá me des la oportunidad de ejercerlo contigo. Con Alegría, Danny