Friday, March 14, 2008

Sobre Princesas y Caballeros


(8/3/2008 - Día Internacional de la Mujer -
Homenaje de los hombres a las niñas-princesas de nuestra célula)


Nuestras Princesas hoy se ordenan como tales, pero antes fuimos nosotros quienes les dimos ese lugar. Sin duda habrá muchas niñas en esa ceremonia, pero ninguna brillará como las nuestras, porque nosotros supimos conquistar para ellas esa posición real antes de que nuestros Pastores consumaran y remidieran ese nombramiento. Pero sin duda esto nos obliga a ser mejores varones y, como lo discutiéramos y acordáramos en nuestra célula de solo hombres, formarnos concientemente como tales. Dios Padre nos regaló modelos en la historia, como David, José y muchos otros, modelos que alcanzarían su complitud en Cristo Jesús. Ayer decidimos seriamente formarnos como varones según esos modelos, reuniendonos una vez al mes para tal fin. Anoche imploramos a Cristo que esto fuera del agrado y aprobación de nuestros Pastores y que ésta corriente de vida que surge en nuestra célula fecunde el alma varonil de todos los miembros de nuestra iglesia, la de aquellos con quien compartimos trabajo, estudios, amistad y vecindad. Pero sepan todos que esto lo hacemos por nuestras Princesas, porque ellas tienen un título y lugar ganado, que nosotros, como caballeros debemos honrar y defender…hasta la muerte. Hasta morir a todo aquello que nos ata al mundo y nos separa de Dios, a todo lo que nos aleja de ser Caballeros en Cristo.
Quiero contar mi historia de Caballero, no sin antes entender cual es el mal que nos afecta a los varones en nuestro tiempo.

La idea actual de Varón
Si hay algo rechazado por la ideología neopagana de la modernidad es el arquetipo masculino, y de hecho toda la pedagogía moderna está orientada hacia la feminización de los individuos varones de la especie. Y así, los medios de comunicación, el cine, la televisión, la publicidad, la novela o la moda tiende a presentar un modelo de hombre más caracterizado por una servil imitación de valores tradicionalmente femeninos que por otra cosa. Valores como la sensibilidad, la dulzura de gesto y actitudes, el sometimiento, la irracionalidad, la emotividad incontrolada, el lloriqueo, la flacidez, el pacifismo patológico o la cobardía pura y dura… Son presentados como modelos a alcanzar y a imitar por los que “hemos tenido la desgracia” de nacer varones en nuestra sociedad.
Y de hecho, hoy en día en todo varón hay un cierto sentido de culpabilidad por pertenecer a la maligna mitad de la humanidad caracterizada por tener atributos biológicos de varón, lo que automáticamente nos hace sospechosos de machismo congénito, y por tanto origen de todos los males de la humanidad (guerras, violencia contra las mujeres…). Es un burdo y rudimentario discurso, sin ningún fundamento racional, pero, que en cualquier caso ha calado muy hondo en el alma del hombre moderno creando un sentimiento de culpabilidad en la mayoría de nosotros.
Pero a tales tesis anti-masculinas de una ideología feminista de clara matriz neomarxista (o marica de clara raiz gay) se enfrentan los hechos y la realidad pura y dura.

El varón es hombre-masculino en cuerpo y alma
La persona humana tiene un componente corporal determinante. No somos montañas, nubes o espíritus puros. Somos personas humanas para los que la realidad corporal es constitutiva. Somos alma y cuerpo. Y el cuerpo es intrínsecamente constitutivo al punto que empezamos a vivir cuando el cuerpo empieza a existir. Y morimos con nuestro cuerpo.
Pero el cuerpo humano tiene naturaleza sexual: es el cuerpo de un varón o el de una mujer. Por tanto, “la identidad sexual es intrínseca, constitutiva y fundante de la realidad humana”.
Por tanto, la identidad del varón como tal, se relaciona con lo más intrínseco de la naturaleza humana. No sólo no es un mito sino que toda la naturaleza misma del hombre descansa en ese factor.

De Héroes y Caballería
Es algo prácticamente auto evidente que la realidad del varón tiene un contenido con fundamento biológico que trasciende y es anterior a las distintas cultura humanas. Esta realidad tiene relación con la extroversión, el riesgo y la conquista, con la búsqueda de lo nuevo, con la lucha y con la creación de lo nuevo. Cada cultura destacó unos aspectos y puso en la penumbra otros, pero en cualquier caso, el modelo y el arquetipo de los valores del varón se encarnaban en el héroe del mito: cuyo rol siempre fue el de expresar la cultura y los valores masculinos a transmitir con un propósito educativo.
En mi pubertad los modelos de héroes que tuve eran: Ricardo Corazón de León, El Principe Valiente, Aquiles, Alejandro Magno. Cuando adolescente fueron Franz Reinicsh, José Engling y todos aquellos heroes de Schönstatt que habían dado su vida por la misión, por que se hiciera la voluntad de Dios en ellos. Reconocer la misión de cada uno de ellos –mis héroes de niño y adolescente- immitar sus virtudes y procurar entender su sentir y amar hizo más fácil amar al Heroe máximo. A mis 12 años recorrí muchas librerías buscando un manual de cómo ser un héroe, algo que me explicara paso a paso, y Dios puso en mis manos “La Virtudes Fundamentales” de Joseph Piepper, un libro aspero, podríamos decir estoico que describía histórica y teológicamente cada una de las virtudes –no solo las teologales-. Mi ideal fue ser un hombre virtuoso, estoico. Esto coincidió con mi incorporación al Escuadrón de Caballería en el Colegio Militar de Buenos Aires donde, en una ceremonia cristiana de origen medieval fui nombrado “Caballero”, éste nombramiento era exclusivo para los que pertenecían al Escuadrón de Caballería del Colegio. Aun recuerdo la ceremonia como si fuera hoy: al igual que en el Medioevo una de las primeras cosas que hacía el aspirante a caballero era bañarse (cosa no habitual en aquellos tiempos en los que se solía decir que un hombre solo se bañaba tres veces en su vida: cuando nacía, cuando se casaba y cuando moría; bueno, el caballero por lo que se ve lo hacía una vez más). Después de asearme bien, confesar mis pecados, velar las armas y rezar durante toda la noche, me vestí con mi uniforme de gala blanco, símbolo de limpieza interna y externa. Al amanecer fui cubierto por una capa roja que representaba la sangre de Cristo y la que el futuro Caballero estaba dispuesto a derramar y se me dieron unas medias de color marrón, por la tierra que debía de defender, un cinturón blanco, espuelas de oro y una espada de dos filos (uno por la justicia y otro por la lealtad). Ante la presencia de Dios, representada por un sacerdote lei la siguiente oración-declaración: “Dirigimos a Ti, Señor, nuestras oraciones y Te pedimos que, con Tu mano derecha, bendigas esta espada con la que éste Tu siervo desea ser ceñido; que ella defienda a la patria, las iglesias, las mujeres, los huérfanos y a todos Tus siervos del azote pagano, que siembre el terror y el pánico entre los malvados y que actúe con justicia tanto en el ataque como en la defensa.” Y por fin llegaba el momento mas esperado, el espaldarazo, lo administraba un General recitando mas o menos estas palabras: “Recuerda al que te hizo caballero y te ha ordenado (Dios); despierta del malvado sueño y mantente alerta confiando en Cristo”. La institución de la caballería estaba relacionada con un código de conducta y de honor que definía no solamente el arte de la guerra, sino que también implicaba la conducta social. Encontré un día en mi libro de Piepper que la palabra Knight (caballero en inglés) deriva de la palabra anglosajona Cnight, que significa "sirviente". Desde entonces para mi ser Caballero es, más que todo, servir a mis hermanos, a mi Iglesia, a Dios y toda Su creación y, especialmente los más indefensos. Talvez por eso mi carrera profesional en servicios financieros, ha sido orientada hacia las microfinanzas, también llamadas Banca de Pobres.

Jesús: El arquetipo de Caballero y Héroe
El reconocerme como siervo de Dios y protector de las Iglesias, la Patria, las Mujeres y los Indefensos fue la llave que me permitiría cruzar el umbral que me llevaría a encontrarme con el arquetipo del caballero y héroe, el mismo Jesucristo, quien es la plenitud del Mito del héroe encarnada en una persona real. Jesucristo es el que combate y vence al mal con el sacrificio de su vida, pero no por ganar Él algo que ya tenía, sino para ganarlo para sus amigos, para sus hermanos, para su pueblo, para su dama, la Santa Iglesia.
El Mito del Héroe como modelo de referencia para los varones de una cultura, siempre ha existido. De hecho, cuando los pueblos bárbaros destruyen Roma y se abaten sobre Europa a mediados del primer milenio de la Era de Cristo, el arquetipo del héroe guerrero es determinante para su forma de vida, pero es un héroe cuya virtud esencial es la violencia y cuyo móvil es la voluntad de poder. Este arquetipo, al entrar en contacto con el modelo cristiano generará el modelo de la caballería medieval. En él, el caballero vive y lucha por la justicia y la defensa del débil como modo de conquistar el amor de su dama y de hacer la voluntad de Dios. Y de esa manera, el modelo del caballero medieval, depurará al mito del héroe de todo lo brutal o bárbaro que contuviera anteriormente, llevándolo hacia la plenitud de lo humano. Y a la vez elevará al lugar más elevado e inasequible el valor de la mujer -la dama-, que será visto por el caballero como un bien tan alto que sólo en la lucha, el sacrificio y el riesgo es quizás alcanzable.

Es necesario reivindicar nuevamente el derecho a ser y actuar, como en los viejos tiempos, cuando había caballeros y había damas. Cuando las damas eran bellas y honradas y todos las respetaban; y cuando los caballeros eran todos valientes y tenían honor. Un tiempo en que los caballeros soñaban con el amor de su dama y por ese amor estaban dispuesto a dar la vida en combate contra las tinieblas y la injusticia del mundo… Y con menos de eso la vida ni merecia ser vivida.


Pongo esta reflexión como oración en manos de Dios Padre y declaro que seremos los Caballeros de Su Reino.

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