A comienzos de septiembre, cuando estaba a punto de explotar la crisis financiera, leía en Time un artículo titulado “Quiere Dios que seas rico?” Para la mayoría de los cristianos educados la respuesta es fácil, ya que Cristo ha dicho “de qué sirve ganar todo el oro del mundo si pierdes la vida eterna?”, también haríamos una interpretación honesta del significado de la prosperidad y responderíamos que ésta no trata solo de riquezas, sino más bien de salud, amor, paz, amistad, familia. Me agrada leer la Palabra y escuchar prédicas de muchos pastores y religiosos, y no hay vez que al encender la TV encuentro a un religioso afirmando que Dios nos quiere ricos. Curiosamente desde la crisis han reorientado su prédica hacia el tema del dolor y la crisis. Hoy me pregunto: ¿Dónde están todos los predicadores de la prosperidad en medio de la crisis económica? Afortunadamente mi Pastor es un hombre santo que como tal tiene una gran claridad ético-moral y no vende “espejitos de colores” para atraer diezmos. “Los predicadores de la prosperidad” sostienen el “evangelio de la riqueza y la salud” y afirma que las bendiciones materiales provienen de la fe verdadera. Enseñan que Dios dará a los cristianos riquezas en recompensa por su fiel y devoción amorosa…la que claro está que debe ser acompañada por ofrendas económicas. Aquellos que fallan en recibir estas “bendiciones” no están ganando riquezas porque no demuestran una fe “verdadera” en algún área de su vida, probablemente la referida a diezmar u ofrendar. ¡A menudo estos predicadores prometen esta riqueza si usted justamente hace lo que su nuevo libro o series de sermones dicen por sólo u$s 24.95!
Pues bien, ¿dónde están actualmente estos predicadores prósperos ahora que millones por todo el mundo, muchos de los cuales son cristianos, y que afirmaron que fue Dios quien les dio su nuevo crédito hipotecario en una casa que realmente no podrían permitirse, están sintiendo el aprieto financiero?
Quitémonos de esta falsa comprensión de la perspectiva cristiana sobre la riqueza. Dios no nos promete fama y riqueza terrenal. Dios no nos llama a vidas de “rebalse” y “sobre-abundancia”, al menos no si queremos decir por esas palabras, riquezas terrenales. Dios nos llama a vidas de simplicidad, satisfacción y suficiencia. Dios nos llama a confiar en El por nuestras necesidades. Las necesidades, no los lujos. Así que si de algo nos sirven estos tiempos difíciles es para demostrar que las enseñanzas sobre la prosperidad difundidas por muchos de los predicadores de la prosperidad y de muchos otros más, es un engaño satánico.
Veamos ahora cuánto dinero recabarán en sus ministerios estos sátrapas del evangelio de la prosperidad y cuán “prósperos” se volverán sus fieles y testarudos acólitos el año que viene, el siguiente y el subsiguiente. Y, por favor, perdonen mi sarcasmo, pero la verdad es que no lo puedo evitar. Sin embargo, no dejo de sentir preocupación por aquellos buenos cristianos que siguiendo a esos falsos profetas, lo han perdido todo para convertirse en los nuevos pobres de nuestro mundo.


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