Tuesday, January 20, 2009

DIEZMO: ¿ Estafa o Mandamiento ?

En realidad el diezmo no es una estafa, aunque hoy por hoy algunos estafan con dicha práctica. Tampoco es un mandamiento, aunque otros lo tomen así. Lo difícil de desarrollar este tema es que toca muy profundamente tradiciones que hemos considerado como sacramentos a través de los siglos. Es decir, el diezmo se ha considerado por siglos, desde la perspectiva evangélica, como una práctica sagrada e incuestionable. Otro problema es la pobreza formativa de algunos pastores para entender la continuidad y discontinuidad que existen entre el Antiguo y Nuevo Testamentos. ¿Qué debemos desechar del Antiguo Testamento? ¿Qué es viejo, y qué es nuevo? Esto demuestra la pobreza teológica y la pereza de pensamiento crítico de muchos pastores, aun más aquellos de bajo nivel educativo. Pero la iglesia de hoy debe considerar el estudiar y discutir estos temas para responder con obediencia a las Escrituras. Este tema del diezmo hace unos años parecía innecesario de discutir. Hoy ante los abusos de los chamanes apóstoles y predicadores electrónicos, se ha tornado necesario discutir el tema y este articulo es un intento teológico de iniciar la discusión, para que esta continúe en nuestras iglesias.

Dios es el centro de la vida comunitaria y personal de todos los humanos. Dios nos dio lineamientos y mandamientos para que nuestro vivir tuviera responsabilidades éticas. Es decir, que nuestro vivir fuera prospero sin afectar negativamente a otros. Por tanto no debería ser la ley el centro de nuestra vida comunitaria y personal (como lo ha sido para los Judíos), sino Dios. Por ello cuando nos encontramos con pasajes difíciles en el Antiguo Testamento debemos pensar en el propósito o principio detrás de esa ley, y no en la ley misma tal y como la pudiéramos interpretar hoy en día. Por ejemplo, en los libros del Pentateuco encontramos un sin número y variedad de ofrendas. Sin embargo, un tipo muy especial de ofrenda aparece como diezmo. La palabra diezmo significa, como bien sabemos, una décima parte. La ley Mosaica contextualizó el diezmo (Levíticos 27:30-33) de una práctica que en Génesis aparece como voluntaria. Al encontrarse Abraham y Melquisedec, el primero le otorga al segundo una ofrenda del 10% del botín, ganancia de la batalla (Génesis 14:18-20). Jacob también le promete a Dios una décima parte de sus ingresos, en cierta forma de trueque (Génesis 28:22). Por supuesto Jacob no tenía un conocimiento de la gracia y provisión de Dios como el que tenemos hoy. Consecuentemente, la práctica del diezmo fue incorporada en la ley de Moisés con el propósito de mantener la tribu de Leví, y los sacerdotes de la nación que servían en el templo, quienes no poseían bienes materiales de ningún tipo (pues cuando les fue repartida la Tierra Prometida a las doce tribus de Israel los levitas no recibieron parcela alguna). Esta tribu moraba en toda la tierra antigua de Israel como sacerdotes para Dios y no tenían ninguna otra forma de sustento económico ya que el trabajo de ellos era el de servir en el altar. Esta tribu de sacerdotes existía aparte de los sumos sacerdotes que eran descendientes de Aarón, quienes también necesitan su sustento. Así que el mantenimiento de esta tribu y de todo el sacerdocio dependía de las contribuciones y los diezmos del pueblo. Si el pueblo no diezmaba, o no lo hacía correctamente, el sacerdocio y los servicios religiosos, festivales, y otras expresiones y observancias a la ley de Dios sufrían consecuencias negativas. Es decir, no fue sino hasta que se instaura la institución del templo que se legaliza la práctica del diezmo como ley para el pueblo de Israel. Y vale la pena agregar que las otras culturas vecinas a los Israelitas también diezmaban a sus dioses paganos, pero con el propósito de apaciguar su furia y obtener bendiciones de ellos.

De esta manera, los Israelitas debían por obligación y mandato ofrendar y diezmar de todo lo que producían. Por ejemplo, diezmar de los animales, la cosecha, los frutos, etc., y los levitas que recibían el diezmo del pueblo debían también ofrendar a Dios el diezmo de todo lo recibido. Había varios diezmos a saber según diferentes pasajes, aunque me parecen que son formulaciones del mismo diezmo. Por ejemplo, aparece la décima parte de las posesiones (Lev. 27:30-33) que se entregaban a los levitas para el ministerio en el templo (Números 18:20-32). El segundo diezmo se ahorraba y se entregaba cada tres años, aunque no hay certeza si se dividía claramente del primero. De esta forma, un diezmo tendía a beneficiar a los Levitas, al templo y ciertos festivales, y también a los huérfanos, viudas, y extranjeros, y tales diezmos tenían su promesa de bendición divina (Deuteronomio. 14:28-29; 26:12-15). Así que como podemos notar, aquellos que poseían tierra y la hacían producir en la época del Israel antiguo, no daban solamente el diez por ciento de su producción sino hasta un poco más. Pues los sirvientes, y los esclavos al no poseer tierras para producir no se les requería diezmar. De esta práctica, podríamos decir en términos modernos, que solo aquellos que poseían los medios de producción en una sociedad, como en el caso de los ricos, eran los que diezmaban.

¿Qué hacían los Levitas con el diezmo? El Templo de Jerusalén representaba para los Israelitas y para los judíos el centro del mundo. En su cosmovisión holística todo tenía implicaciones religiosas. Para los Israelitas el templo era no solo el lugar cultico sino también era el centro de distribución y ayuda social. Los diezmos, como anteriormente notamos, se daban en parte primeramente para apoyar a lo que hoy podríamos llamar “ministros religiosos” (Deuteronomio 12:19; 14:27). Pero recordemos que estos “ministros” recibían el diezmo por qué no poseían bienes algunos para generar riqueza. Esos diezmos, también servían para beneficiar a los extranjeros, huérfanos, y viudas, aquellos más desposeídos de la producción de riqueza. Así que podríamos concluir que el diezmo lo daban los ricos para aquellos que no poseían bienes algunos de producción.

Posteriormente, al aparecer los reyes de Israel, como otra institución de gobierno paralela ahora al templo, otros impuestos empiezan a aparecer, e inclusive impuestos esporádicos para el templo (2 Crónicas 24:4-16). La codicia de algunos reyes parece dejar al templo y sus sirvientes religiosos sin posibilidades de recoger sus diezmos, y a los pobres si capacidad de recibir ayuda. El diezmo parece instaurarse de nuevo en 2 Crónicas 31:1-12. Luego aparecen los profetas hablando contra la codicia y la injusticia social, como en el caso de Amos y Malaquías entre otros, frente a una forma cruda de un pre-capitalismo que explotaba a los pobres (Isaías 5:8-10) y a los ministros religiosos de la época (Malaquías 3:6), y donde Dios mismo los acusa de robo. Lo que parece demostrar que durante el periodo de los reyes el diezmo sufrió de falta de práctica.

Dios ve roto el pacto con su pueblo y los deja continuar su camino por si solos. Estos son no solo invadidos sino también en su mayoría desplazados hasta Babilonia, y el templo de Salomón es destruido por Nabucodonosor en 587 a.C. Al tiempo regresan otros del exilio de vuelta a Jerusalén con Nehemías y Esdras logrando reconstruir las murallas de Jerusalén, un templo modesto (515 a.C.), e instituir el diezmo de nuevo, y cual parece volver a funcionar (Nehemías 10:37; 13:12).

¿Es requerido el diezmo para los cristianos?

El segundo templo de Jerusalén se reconstruye por Herodes el Grande (recordemos que el primer templo fue destruido al tiempo que los judíos experimentan el exilio a Babilonia) ahora bajo la ocupación del Imperio Romano. Para el segundo templo se generan algunas nuevas clases de personal religioso como los fariseos, saduceos, etc. En estos tiempos se calcula que cerca de veinte mil personas servían en el Templo. Estos tiempos nos parecen mostrar un templo incapaz de cobrar una décima parte de la producción nacional, pues el Imperio se llevaba toda la riqueza para Roma. Por ello aparece cierta evidencia de un impuesto al templo, que Jesús mismo es confrontado a pagar (Mateo 17:24-27).

Los únicos pasajes que dan testimonio de la práctica del diezmo en el Nuevo Testamento se presentan como ejemplos ingratos. Jesús aparece exhortando a los fariseos a ver más allá de los detalles y ver la injusticia social que reinaba en ese entonces. Recordemos que los fariseos ponían la ley y no a Dios como el centro de su devoción, por ello su perspectiva carecía de una visión más macro de la justicia. Estos diezmaban de sus hierbas y hortalizas y se jactaban de ello, pero en su legalismo habían descuidado lo macrosocial (Mateo 23:23; Lucas 18:10-14). De esta manera podríamos concluir que el Nuevo Testamento no proporciona evidencia alguna de la práctica del diezmo ni para los judíos, ni para los cristianos judíos ni gentiles de la época.

Hay mucha evidencia de ofrendas, pero nada de diezmos. Por tanto no existe algún mandato para diezmar en el Nuevo Testamento. No encontramos en el Nuevo Testamento instrucción u orden alguna para dar el diezmo a la congregación o iglesia. La razón por la cual no se indica en el Nuevo Testamento a que se diezme, puede ser porque Dios espera que los cristianos den todo lo que tienen de manera voluntaria en gratitud de corazón (1 Timoteo 6:18) para los que le sirven y no poseen bienes, y para los más necesitados. El apóstol Pablo presenta los principios del dar en la segunda carta a los Corintios, en cuanto a una ofrenda dada con gozo que es enviada a una congregación en Jerusalén que estaba experimentando tiempos difíciles (2 Corintios 8:7-15, 9:6).

El Caso de Hoy en las Iglesias

Una conclusión errónea y simplista sería decir que como el diezmo según el Nuevo Testamento no es una práctica instituida, entonces debería eliminarse. ¿Si Dios instauro dicha práctica para suplir las necesidades de los desposeídos de riqueza, como los pobres y los grupos religiosos que servían en el templo, por qué no practicar el espíritu de dicha (ley) practica hoy, en vez de su legalismo? Veamos que podemos considerar hoy para contextualizar esta práctica en nuestras iglesias:

Primeramente, las iglesias evangélicas están experimentando un materialismo y un endeudamiento entre las generaciones más jóvenes. Hoy estos jóvenes profesionales dan menos y menos a sus iglesias, y no solo a iglesias sino también a organizaciones de caridad. Es de suma importancia ayudar a nuestras nuevas generaciones a generar una mayordomía más sana de sus recursos financieros y humanos. Si no les ayudamos a salir de sus deudas y enseñarles a vivir de lo que ganan, la iglesia pronto empezará a sufrir las consecuencias.

Segundo, desde una perspectiva del Nuevo Testamento el creyente no está bajo la ley de Moisés sino bajo el espíritu de su ley. Decir que no se debe obligar a nadie a dar ofrendas ó diezmos, no es absolutamente cierto. Recordemos que toda persona en el Antiguo Testamento era llamada a ofrendar, pero no todos eran llamados a diezmar. ¿Qué tal si algunos desean contextualizar el diezmo como una práctica para hoy, algo que en la tradición evangélica ya se ha dado en los últimos 200 años? Veamos el caso de Abraham, quien no estaba bajo la ley de Moisés, y diezmó a Melquisedec (figura tipo Cristo). Podríamos adaptar este caso y contextualizarlo como un buen ejemplo de sumisión y mayordomía hacia Cristo, pues el Señor nos ha bendecido, y no damos para que nos bendiga más.

Tercero, tristemente hay que reconocer que usualmente las iglesias que más reciben diezmo son aquellas en las que se enseña a hacer trueque con Dios. “Siembre hoy y el Señor le prosperará más mañana.” Esta Teología de la Prosperidad es una herejía, pues enseña que Dios está obligado a bendecir a aquellos que le tuercen el brazo. Recordemos que Dios es soberano y puede bendecir a quien quiera, cuando quiera, y como quiera. Las bendiciones de Dios no son solo financieras, ni solo para los que dan con fines de obtener más lucro. Sumisión a la voluntad de Dios, y no manipulación de las bendiciones de Dios es lo que marca la diferencia para recibir y dar bendición.

Cuarto, el enseñar a nuestra congregación a dar un diez por ciento podría convertirse en una terrible herejía. Dios es nuestro Señor, y dueño de toda la creación. Nosotros, sus mayordomos, le debemos dar y consagrar a Dios el 100% de lo que somos y producimos. Así el 10% podría simbolizar esa entrega, siempre y cuando el espíritu de la ley, y el propósito de la ley del Antiguo Testamento se mantenga fiel. Es decir, si Ud. desea contextualizar la práctica del diezmo en su iglesia, considere los siguientes principios: ·

· Si su iglesia diezma, y parte de esos diezmos no se distribuyen hacia los más necesitados tanto fuera como dentro de la congregación, su iglesia le está robando al Señor.

· Si los pastores de su iglesia tienen otras fuentes de ingreso, y en vez de recibir un salario extra, se llevan el diezmo como pago a sus servicios, sus pastores le están robando a Dios.

· Si en su iglesia es el pastor y su familia los únicos que a discreción hacen uso del diezmo, tenga cuidado. Ud. podría estar permitiendo que se den abusos con el dinero del Señor. Toda iglesia debe presentarse como un libro abierto al mundo. Todo pastor y líder eclesial debe dar cuentas abiertas, en cualquier momento que se le pida, de la mayordomía a la que se le ha encargado. Siempre es sano tener a dos personas sin relación de parentesco entre sí ni con el pastor supervisando los fondos de la iglesia (entre ellos no debe haber ningún pastor ni ninguno de sus familiares).

· Si su pastor dice que los diezmos son para él o ella, su pastor le está robando al Señor, y al Estado al no pagar impuestos. En nuestra sociedad capitalista todo pastor debe gozar de un salario, pagar impuestos, y otros aportes de ley. Tal y como hemos visto, el diezmo no es para el pastor ni los pastores solamente. ·

· Si algún medio de difusión masiva como canales de televisión, emisoras de radio, o prensa escrita solicita de un diezmo, primicias, u ofrenda, a cambio de una bendición particular, ellos están practicando una estafa. Una ofrenda o diezmo no se da para recibir. Se da porque hemos recibido, pero no con la intención de recibir más. Nadie puede asegurarle a nadie una bendición de Dios. Dios es soberano y a su tiempo dará buenas dadivas a los fieles de su pueblo. ·

· Si en su iglesia le hacen, indirecta o directamente, sentir culpable si no diezma. Si en su iglesia es obligatorio diezmar. O si en su iglesia constantemente se explica que los que no diezman le están robando a Dios, y por tanto no reciben bendición financiera. Su iglesia está practicando una estafa. El diezmo era una práctica obligatoria en el Antiguo Testamento, no así en el Nuevo Testamento. Si se desea contextualizar esta práctica del diezmo, recordemos que en el Antiguo Testamento solo los que poseían los medios de producción (los ricos) se les solicitaba diezmar (aunque si el ofrendar era para todos). ·

· Si su iglesia ha contextualizado (o desea contextualizar) la práctica del diezmo sin considerar el espíritu y propósito de esta práctica de la ley en el Antiguo Testamento, su iglesia entonces, no está diezmando. Su iglesia está haciendo algo que no debería llamarse diezmo, y hasta podría estar estafando a su membrecía, todo por ignorancia teológica.

Finalmente, recordemos que el diezmo (además de las múltiples ofrendas) se daba al templo para cuidado de la infraestructura, y su personal que no poseía tierras ni herencias, y para los más necesitados (viuda, huérfano, extranjero, etc.). Si su iglesia local no cumple el rol de los antiguos templos en la distribución según los principios del diezmo, Ud. no está en la obligación de diezmar, y aun menos si Ud. no produce riqueza alguna.

Wednesday, January 07, 2009

Sobre Weber, Calvino, Murcia, Madoff y la Integridad


 

"El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado"  Proverbios 10:9

"La integridad de los rectos los encaminará; pero destruirá a los pecadores la perversidad de ellos" Proverbios 11:3

"los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos" Salmos 78:70-72


La gigantesca "bicicleta" creada por Bernard Madoff  y su versión criolla DMG, que desembocó en el procesamiento criminal de sus autores –al menos los evidentes-, llamó la atención por su incomparable magnitud (50.000 millones de dólares en el primer caso y del segundo aun no se tiene una cifra cierta), pero sólo vino a confirmar la seguidilla de quiebras, malversaciones y escándalos de toda índole que han acompañado la actual crisis financiera internacional. Desde la desmesura de los préstamos hipotecarios hasta la infinita sofisticación de los "derivados" que sólo existían en las alucinantes computadoras de sus creadores, hemos asistido a la formación de una ola colosal de irresponsabilidad, de la cual han participado centenares y miles de grandes o pequeños "Madoff", al lado del descuido o la complicidad de las autoridades. Por eso es que, sobre todo sus enemigos, ahora hablan muy sueltos de cuerpo del "fin del capitalismo".

Hoy pareciera una humorada recordar que el capitalismo nació como un movimiento religioso . Esta fue, sin embargo, la tesis casi universalmente aceptada del sociólogo alemán Max Weber en su libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo . Según Weber, hacia los siglos XVI y XVII, cuando irrumpió el capitalismo, los europeos estaban todavía imbuidos de un espíritu religioso. Lo cual quiere decir que todavía les importaba, más que esta vida, la otra, es decir, la salvación. La manera tradicional de alcanzarla era un tipo de religiosidad que Weber llamó publicana , en recuerdo de la oración del publicano en el Evangelio, que, reconociéndose pecador, todo lo esperaba de la misericordia de Dios. Por eso para esta tradición, que imperaba en el catolicismo, el éxito en esta vida era peligroso para la otra vida, por alimentar la soberbia. De ahí la advertencia evangélica según la cual es muy difícil que un rico entre en el reino de los cielos.

Pero el puritanismo protestante, particularmente Calvino, quitó todo valor a la tradicional "tecnología católica" de la salvación, con su confesión, sus santos y sus escapularios, al afirmar que la salvación y la condenación eterna de las almas dependían exclusivamente de una decisión inescrutable del Creador. Esta tesis generó una intensa angustia entre los fieles puritanos, que acudieron en masa a sus pastores para que los consolaran. Estos les dijeron entonces que, si bien estaban privados de la tranquilidad que otorgaba a los católicos la confesión, podían deducir que habían sido elegidos para la salvación eterna por el éxito que alcanzaran en esta vida.

A este nuevo tipo de religiosidad, Weber la llamó farisea , en recuerdo de la oración del fariseo en el Evangelio cuando, por oposición al publicano, se jactó de su perfección delante de Dios. Al introducir esta interpretación allí donde predominaban, la Europa del Norte y los Estados Unidos, los pastores puritanos precipitaron una revolución no sólo religiosa, sino también económica mediante la cual consagraron el éxito en esta vida como una premisa de la salvación. De ahí en más, los habitantes del mundo moderno pudieron buscar el enriquecimiento con un fervor casi religioso, porque en él les iba la salvación aunque, eso sí, la nueva vía no serviría sino en línea recta, sin trampas, con integridad, porque Dios mira en el interior de las conciencias. Con el tiempo, también los cristianos  seguirían esta vía, so pena de quedar excluidos de la fabulosa prosperidad que anunciaba el capitalismo.

 

Cimientos

A la vista de lo que hoy sucede en la vorágine de los mercados, no es que estemos asistiendo entonces al fin del capitalismo como tal, sino a un olvido peligroso de sus cimientos morales. El respeto de la palabra empeñada, la santidad de los contratos, el valor del ahorro frente al gasto, la renuncia a la ganancia instantánea en vez del esfuerzo y del trabajo, ese imperativo moral que cultivaron nuestros abuelos cuando bajaban de los barcos, esto es lo que hoy corre peligro. La receta no tendría que ser entonces abandonar el capitalismo como un barco que se hunde sino, al contrario, volver a sus fuentes, rescatar la ética "victoriana" de nuestros mayores. Por otra parte, ¿son acaso los Madoff de hoy una mayoría o una minoría aprovechada? ¿No son millones los que sueñan todavía en un mundo donde no imperen la mentira y el engaño, sino la fundada confianza en la rectitud del otro?

Aunque no nos queda mucho espacio, podríamos deslizar todavía algunas líneas en defensa del otro gran componente moral de nuestro mundo, la democracia . También ella proviene de una ética exigente nacida de una tradición más antigua aún que el capitalismo: la ética del ciudadano que Pericles exaltó hace más de dos mil años en su elogio fúnebre de los primeros caídos en la guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta. Si de un lado tenemos entonces al productor honrado, al trabajador empeñoso, al poseído por una sana ética del progreso económico, del otro tenemos al dirigente político o social que busca el bien común y al ciudadano que así se lo exige. En esta otra gran tradición figuran nombres maravillosos como los de Platón, Aristóteles, Locke, Rousseau, Montesquieu, Simón Bolívar.

De alguna manera, la gran tradición democrática viene de ser exaltada otra vez con el largo y ejemplar proceso que resultó en la elección de Barack Obama. Gracias a ella, mucha gente ha vuelto a confiar en la democracia. Pero, así como el verdadero capitalismo ha sido defraudado por los Madoff de hoy, ¿qué podría decirse de las democracias contaminadas como las nuestras, afectadas como están por la corrupción desenfrenada.

 

Integridad

Al mundo que habitamos no le sobra por lo visto ni el capitalismo ni la democracia, sino que le falta la condición básica de ambos: la integridad. La palabra "integridad" es aquí insustituible porque está vinculada al latín tangere , que significa "tocar". La persona "íntegra" lo es, entonces, porque no está "tocada" por la contaminación, porque está "intacta", "entera", “intachable”. Lo cual quiere decir, en última instancia, que su escala de valores no ha sido alterada. Al tope de esta escala de valores figuran, en las épocas de apogeo, el patriotismo en lo político y el trabajo en lo económico. La verdadera democracia y el verdadero capitalismo. Cuando estos valores desfallecen, dejan un vacío que ocupa el dinero. Pero no el dinero como instrumento útil de intercambio y de acumulación, sino como usurpador de la cima de una escala de valores. El dinero como ídolo.

Ya lo reconocía Quevedo en su famosa letrilla: "Poderoso caballero es don Dinero / Madre, yo al oro me humillo; / él es mi amante y mi amado, / pues de puro enamorado, / de continuo anda amarillo". ¿Por qué razón una persona a la que no la habitan ideales habría de dedicarse a la política si no esperase de ella mayores ingresos de los que podría depararle la actividad privada? Y a propósito de la corrupción económica, podríamos agregar, ¿por qué razón una persona a la que no la habita una vocación por el trabajo habría de dedicarse a la especulación si no esperase de ella mayores ingresos de los que podría esperar de su vocación? Ambas preguntas concurren a una misma conclusión: tanto en la política como en la economía, cuando al tope de la escala de valores se instala el dinero, ya sea bajo la forma de una "caja" dominante o de una ganancia especulativa, lo que sobreviene no es la democracia ni el capitalismo, sino sus máscaras grotescas en un impiadoso carnaval.

Si con Integridad desarrollaramos negocios Inclusivos de los más Pobres, tal como es el espíritu de muchos de los que estamos en las microfianazas, estaríamos rescatando la moral del capitalismo, respetando el mandato de Dios y enriqueciendo nuestras arcas en el cielo. Entonces la promesa de prosperidad que Dios nos ha hecho, a todos los que nos ha regalado dones para realizar negocios, se hará realidad. 

Friday, January 02, 2009

¿Quién Quiere Ser Millonario? - Milagros Prepago y Pospago


Guejazi quería ser millonario y quería serlo con el poder de Dios (2 Reyes 5:20–27). Cuando vio que Naamán, el general arameo (sirio), había sido sanado de su lepra y que Eliseo lo iba a dejar ir sin cobrarle nada, se dijo a sí mismo: “mi señor ha dejado ir a este arameo Naamán así no más, y no ha recibido lo que le trajo; tan cierto como que Dios existe, iré corriendo tras Naamán y algo le quito” (v. 20). Tenemos aquí una “ironía trágica.” El juramento de Guejazi se cumple, pues de hecho obtiene algo de Naaman: su lepra. La ambición de Guejazi es tal que prácticamente se maldice a sí mismo. Así, el destino final de Guejazi se anticipa desde el primer versículo de esta sección. De este modo 2 Reyes 5 comienza y termina con un leproso: “Naamán, el de afuera, es librado de la lepra; Guejazi, el de adentro, es entregado a la lepra.”

Guejazi es un hombre pragmático. No puede aceptar que Eliseo haya rechazado los regalos de Naamán. Por eso corre tras el general arameo antes que sea demasiado tarde. Se inventa una historia y le saca a Naamán tres pares de cosas, que Naamán con mucho gusto le da: dos talentos de plata, dos mudas de ropa, y dos siervos para llevarlas (v. 23). Una vez que todo está escondido, y que los siervos de Naamán se han ido, Guejazi muy orondo regresa donde Eliseo y encuentra la sorpresa de su vida.

En contraste con el caso de la sunamita (donde Eliseo no sabe qué la acongoja–2 Reyes 4:27), esta vez Eliseo sí sabe qué ha ocurrido con su asistente. La reprensión es tan dura como enigmática: “¿acaso es este el tiempo de recibir plata y ropa, olivares y viñedos, ovejas y bueyes, siervos y siervas?” (v.26). Esta pregunta retórica tiene dos elementos que bien valdría la pena explorar más, pero no tenemos espacio aquí. De todos modos, digamos algo brevemente.

¿Qué mal hizo Guehazi? Su pecado, además de la avaricia y el engaño, es teológico: “ha puesto en peligro la naturaleza misma de la fe y ha oscurecido la obra que Dios hace por gracia.” Su teología es “bendición recibida, bendición pagada; prepago o pospago, pero pago.” Con la lepra, ahora Guejazi se encuentra en igual condición que Naamán antes de ser sanado y necesitará su propio peregrinaje para sanarse. Esta historia muestra también la movilidad de la raya “creyente-no creyente.” El de afuera entra por la gracia de Dios y el de adentro sale por el juicio de Dios. Además hay un pecado práctico en el sentido de que, a pesar de ser el acompañante de Eliseo, Guejazi actúa de su cuenta.

Hay que tener pues cuidado de enseñar y recibir teología de la gracia y no teología de la lepra. Si el tema central de una predicación es alguna forma del título de este artículo, o si cualquiera que sea el texto bíblico del que se predica, la aplicación es una forma como se puede ser millonario, ud. puede estar casi seguro que no le están predicando el evangelio bíblico. El espíritu de Guejazi ronda por ahí diciendo: “deme dinero para que Dios lo bendiga” o “Dios lo bendijo, envíeme dinero.” Los “Guejazis” quieren ser millonarios con el dinero de quienes, pobres o ricos, religiosamente compran y pagan milagros.