Sus dos características principales son: Defienden la pureza que exige el Templo, y la obediencia a la Torá y a la ley oral en todos los aspectos de la vida. Esto se convierte a su vez en una forma de resistencia al gobierno pagano de Roma. Por eso para ellos el guardar el sábado es un símbolo de poder fundamental para la identidad nacional. No constituyeron un poder oficial, pero con cartas de recomendación Saulo, un fariseo, perseguía a los cristianos; lo cual muestra también que algunos recurrían a medios violentos para lograr sus objetivos (Hc 9:1–2); también hay evidencias de su presencia en Masada; otros no recurrieron a la violencia, como Gamaliel (Hc 5:33–42). Es posible imaginarse la situación más o menos así: los pacifistas pensaban “Dios es el Señor de la historia” (Hillel) y los otros le contestaban, “Sí, pero en ocasiones podría requerir de nuestros servicios” (Shammai).
Siendo así las cosas, las diferencias entre fariseos y saduceos va más allá de la fe. Una vez que se cumplieran las aspiraciones de los fariseos al ver a Israel restaurado y reconstituido, los saduceos perderían su posición de privilegio económico y social por su alianza con los romanos. Por eso a los saduceos sólo les interesan las leyes del Pentatéuco.
En los asuntos de fe, los fariseos no son maestros oficiales de la Ley. Sin embargo, tenían mucha influencia sobre las masas. Eran más estrictos que los saduceos, pero menos que los esenios. No sabemos cuántos eran, pero sí eran suficientes en números como para hacerse sentir en todas partes donde hubiera judíos. Su agenda iba más allá de la piedad, por lo menos hasta el 135 d.C. cuando oficialmente se prohíben las ideas revolucionarias y se separa el estudio de la Torá de las cuestiones políticas. Digamos de paso que de ese estudio de la Torá en grupos nació el judaísmo moderno.
Algunos fariseos tuvieron buenas relaciones con Jesús. En una ocasión unos fariseos le dijeron: “Sal de aquí y vete a otro lugar porque Herodes quiere matarte” (Lc 13:31); otros lo invitaban a comer (Lc 7:36–50; 14:1); otros creen en Jesús (Jn 3:1–21; 7:45–53; 9:13–16); algunos hasta protegen a los cristianos (Hc 5:33–39; 23:6–9).
Los fariseos discuten mucho con Jesús. Algunos han sugerido que la razón principal era lo cerca que estaban; era casi como una discusión familiar, no de enemigos. La razón por la cual se les llama “hipócritas” no es porque ellos fueran especialmente más hipócritas que otros. Más bien, los fariseos sufren del mal que sufren todas las personas religiosas y los maestros de cosas religiosas, incluyendo el cristianismo en todas sus expresiones: vivir por debajo del estándar que ellos mismos ponen. Por eso con tono irónico Jesús dice: “hagan lo que ellos dicen, pero no lo que ellos hacen” (Mt 23:3).
Eso es todo. ¿Es usted religioso o maestro de asuntos de fe? ¡Cuídese! Y cuide a cuantos pueda.

