Tuesday, May 25, 2010
Lectura del evangelio miope, hipermétrope o astigmática
El solo hecho que Pablo los mencione en una carta tan breve quiere decir que fueron problemas serios en ese tiempo. Por otro lado, la situación muestra que desde el comienzo de la historia de la iglesia, el evangelio ha sido tomado por individuos que han pretendido convertirlo en otra cosa. Pablo juzga estos casos como “desviación” del verdadero evangelio (1:6; 6:21; cp 2 Tim 2:18) y hace tres cosas con ellas: las denuncia, le recomienda a Timoteo que se aparte de ellas, y muestra un mejor camino.
No se necesita mucho esfuerzo para encontrar los tres grupos en la historia del cristianismo y en la actualidad. La pregunta que nos hacemos en primer lugar es si estamos ante desviaciones comparables y en segundo lugar si estamos obligados a denunciar y a hacer recomendaciones. La denuncia de Pablo se puede tomar como un caso de arrogancia inadmisible de un individuo recalcitrante del siglo primero, o como la auténtica defensa de la verdad del evangelio ante peligros de gran magnitud. Si quien denuncia las supuestas desviaciones tiene razón, entonces habrá que reconocer que hay distorsiones del evangelio de las cuales bien haríamos en apartarnos hoy. Nos quedamos con esta última y nos arriesgamos a mencionarlas.
Empecemos por uno que la mayoría estaría dispuesto a aceptar como juicio válido y justo: las interminables e inútiles discusiones y disquisiciones de los teólogos profesionales sobre asuntos que tienen poco o ningún provecho para la comprensión del evangelio y la edificación de la iglesia. Esta preocupación ha sido expresada muy elocuentemente por el biblista español Luis Alonso Schökel: “el pueblo pide pan y los teólogos les dan hipótesis.” Las publicaciones sobre asuntos de teología y Biblia son una industria multimillonaria dirigida en muchos casos por personas que ni siquiera creen que la Biblia es la Palabra de Dios. La situación es lamentable.
En cuanto al segundo caso, siempre ha existido en el cristianismo la tendencia a añadir o quitar cosas al evangelio. Aparecen nuevas teologías, nuevos ministerios, nuevas formas de ser salvo, de ser líder, de ser iglesia. Algunas de ellas se presentan como nuevas revelaciones que Dios ha dado a quienes, habiendo pagado “un alto precio,” según ellos, alcanzan un encumbrado nivel de espiritualidad reservado sólo para unos pocos.
Dejamos para el final el caso más delicado, los que convierten la fe en un negocio. La cara más visible del evangelicalismo latinoamericano es la de los predicadores que constantemente piden dinero. Por eso cuando los humoristas quieren burlarse de los evangélicos generalmente imitan a algún individuo que predica con voz rasgada, y que antes de cualquier cosa pide plata. Estos ministerios están marcados por la señal inequívoca del capitalismo salvaje: el crecimiento económico desmesurado.
Las preocupaciones del apóstol en el siglo primero nos llevan a tres conclusiones. En primer lugar, la investigación teológica más especializada puede contribuir a la edificación de los creyentes y a la defensa del evangelio. La misión última del teólogo y el biblista no es “ser publicado” para ser conocido y conservar su puesto, sino la edificación del cuerpo de Cristo. Segundo, la misión de la iglesia se basa en las Escrituras, no en nuevas revelaciones. Por último, esta misión se sostiene con la contribución de los fieles de las congregaciones. Los ministros deben vivir dignamente, pero hay que preguntarse si el evangelio no se ha vuelto negocio cuando hay “ministerios” fastuosos que sostienen estilos de vidas ostentosos con contribuciones de personas con muchas necesidades económicas a las cuales se les promete bendiciones que por lo menos en el 99% de los casos nunca reciben. Estas son pues las tres tristes distorsiones del evangelio ayer y hoy.
Sunday, May 23, 2010
Cómo elegir Presidente? - La lección de la Toráh
Desde tiempos muy antiguos las naciones se rigen por algún tipo de constitución. Para el Israel bíblico la Constitución es la Toráh (también llamada Ley o Pentateuco). Una de las estipulaciones importantes allí es la escogencia de un rey.
Aunque el Israel bíblico se constituye como una teocracia, esto no significó que cada decisión se tomaba por revelación. Existía una constitución. El libro que más propiamente podríamos llamar “Constitución política” es el Deuteronomio. Las estipulaciones allí contenidas para escoger rey son pocas, claras y precisas (17:14–20). Una vez escogido se crea una dinastía, pero las normas que rigen ese primer momento pueden servirnos hoy para reflexionar en las elecciones presidenciales en países democráticos.
Lo primero es que el rey sea “uno de tu mismo pueblo”. Esta expresión no apela tanto a la etnia como a la fe y el sometimiento a la constitución. David tuvo en Rut una abuela moabita (Rut 4:22). Siendo una teocracia, la elección del rey venía por oráculo profético, como ocurrió con Saúl y David. Pero la unción por oráculo profético tampoco significaba éxito y permanencia, como bien lo demostró Saúl, quien fue todo un fracaso; ni perfección, como bien lo demostró David. El caso de Salomón es ambiguo. Natán y Betsabé preparan una escena teatral donde le dicen al anciano rey David que nombre a Salomón como su sucesor según un juramento de David del cual no hay registro (2 Reyes 1).
Segundo, el rey no tendrá muchos caballos. Los caballos se adquirían en Egipto. Egipto fue la nación que oprimió a los descendientes de Jacob por 400 años. Allá no debe volver el pueblo a buscar caballos. El caballo es el símbolo del poder militar por excelencia durante gran parte de la historia de la humanidad.
Atando los cabos y los caballos, uno podría concluir que lo más importante de este pueblo no será su ejército. La razón es muy sencilla. Los carros y caballos que Dios derrotó en las aguas del Mar de los Juncos (Mar Rojo) son para Israel símbolo de opresión y esclavitud. La injusticia y las grandes fuerzas armadas van de la mano. Los gobiernos que no se gastan los recursos de la nación en atender a las necesidades de sus ciudadanos, se los gastarán luego en ejércitos y armas para controlar los males sociales producidos por las desatendidas necesidades de los ciudadanos. Un círculo vicioso más perverso que este resulta impensable. Por eso según la Biblia, la solución a los males sociales no son los ejércitos, sino la justicia social (Isaías 32:17). En eso se equivocó Israel y se siguen equivocando muchos hasta la fecha.
Por razones de imagen y de los tratados comerciales internacionales, los reyes de la antigüedad solían tener muchas mujeres, unas locales y otras importadas. Cada mujer extranjera viene con su religión y probablemente querrá hacer misión. Por eso se estipula, en tercer lugar, que el rey no tenga muchas mujeres, para que no se extravíe su corazón. Dos ejemplos de ese extravío son Salomón con sus mujeres (1 Reyes 11:1–4) y Acab con su Jezabel (1 Reyes 16:29–33). El problema no es que sean extranjeras; es cuestión de la fe y de la constitución nacional.
En cuarto lugar, el rey no acumulará muchas riquezas. Los gobernantes tienen dos grandes privilegios que bien administrados los pueden ayudar a ser muy ricos: influencias e información. Hay mucha gente que le puede hacer favores al gobernante porque el gobernante después los puede devolver. El problema es que devuelve favores con los dineros de la nación, con lo que no es suyo sino del pueblo. Para eso están los grandes contratos, sobre todo los de infraestructura, los de grandes negocios y los tratados internacionales. No es que todo eso sea malo ni malo del todo, sino que en todo eso favores van y vienen, y los gobernantes terminan enriquecidos. Lo perverso es que los trámites son legales o con apariencia de tales.
La información privilegiada tiene que ver con dos cosas principalmente: los grandes proyectos de desarrollo de un país y la localización de los recursos naturales. El gobernante que quiere enriquecerse, con información privilegiada, comprará tierras baratas en todos aquellos lugares donde sabe que hay o va a haber algo. Eso también es enriquecimiento ilícito y perverso. Siempre dirán “no sabía”.
Para evitar todos los males anteriormente descritos, en quinto lugar, el rey de Israel tendrá una copia de la Constitución, de la Ley, la cual leerá y en la cual meditará diariamente. Esta constitución es el ecualizador de los ciudadanos; todos están sometidos a ella por igual. Por eso, rey y súbditos deben conocerla.
En el antiguo Israel la monarquía y la profecía nacieron y crecieron juntas. Es decir, Dios estableció la forma del gobierno y los vigilantes del gobierno. La función de vigilancia solamente la pueden ejercer bien quienes no comen de la mesa del rey. Así las cosas, la experiencia de Israel puede ser útil para las naciones democráticas de hoy, especialmente para el cristiano que quiere cumplir la constitución de su país. Así participamos con Dios en quitar y poner gobernantes, pierda o gane nuestro candidato.

