Tuesday, January 19, 2010

JUAN, el Amigo del Esposo

¡Juan el Bautista nunca llegó hasta Pentecostés! Él no vio las lenguas de fuego ni escuchó el estruendo del viento recio. Él no vio a Jerusalén sacudirse ni a las multitudes convertidas. ¡Pero Juan dijo que su gozo fue cumplido! Él había escuchado algo mejor que el viento recio – mejor que buenas noticias – mejor que la risa de una novia feliz. Él había escuchado la voz del Salvador.

“El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido” (Juan 3:29).

Juan disfrutó del gozo más grande que cualquier seguidor de Jesús pudiera conocer. Él dijo, “Me quedé quieto y lo escuché hablarme. Su voz hizo saltar mi corazón. Él me habló personalmente. Yo escuché a mi Señor y ese es mi gozo. Sólo escuchar su voz.”

Juan podía decir, “Oh sí, yo lo amo. Yo he adorado postrado a sus pies, y le he dicho cuán indigno yo soy. Pero mi gozo no está en lo que le dije, ¡mi gozo está en que él me habló! Escuché su voz, y me regocijo tan solo en el sonido de esa voz.”

Algunas personas enseñan que el Señor ya no habla a los hombres, excepto a través de su Palabra revelada. Ellos no pueden creer que los hombres puedan ser dirigidos y bendecidos al escuchar esa voz apacible y delicada hoy en día.

Jesús dijo, “Mis ovejas conocen mi voz; ellas escuchan cuando las llamo…a otro no escucharán…” Hoy en día estamos temerosos de todos los abusos, temerosos de ser guiados hacia revelaciones contrarias a la Palabra de Dios. Pero, ningún abuso es culpa de Dios. Cada visión falsa, profecía falsa, dirección falsa es el resultado directo del propio orgullo del hombre y de su voluntad propia. Los hombres abusan cada don de Dios. No obstante, Dios todavía habla directamente a los corazones de aquellos dispuestos a escuchar.

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…” (Hebreos 1:1).

“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:7).

Friday, January 15, 2010

Haiti - "Mi no comprende"

¿Qué puede uno decir como cristiano a una semana del terremoto ocurrido en Haití? Es probable que no haya mucho que decir, sino más bien mucho que hacer. Sin embargo, me permito ofrecer unas breves reflexiones desde una perspectiva bíblica, teológica y cristiana. Lo hago con plena consciencia de mis limitaciones en esos tres campos; por eso es “una perspectiva”. Como es un tema que levanta preguntas, lo he planteado en términos de respuestas.

La primera y más bíblica de todas las respuestas ante una tragedia como la ocurrida en Haití es “no entiendo.” La devastación de una nación ya devastada es un hecho incomprensible por donde se mire.

La segunda e igualmente bíblica de todas las respuestas es: “¿qué puedo hacer para ayudar?” y hacerlo. Ojala no pase mucho tiempo entre la primera respuesta y la segunda. Al dar hay que cuidarse de no convertir la ayuda al necesitado en un show o en una “inversión”. También es necesario reconocer nuestras limitaciones y que en realidad en la mayoría de los casos tampoco hacemos todo lo que pudiéramos hacer.

Hay quienes explotan estas tragedias política y sociológicamente. Despliegan números donde se muestra quién da más: “somos mejores que los demás”. Dista mucho esto de “no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha.” Así, lo que se presenta como bondad, desde la perspectiva bíblica es marca de la hipocresía y la vanagloria, de falsa espiritualidad y falsa bondad. Habrá que ver cuántos y quiénes quedan en Haití cuando las cámaras se hayan ido. Sin embargo, a veces ocurren cosas de tal magnitud que mueven a la humanidad como si Dios la moviera, sin reuniones ni lujosos salones ni grandes anuncios. En cualquier caso, dé de corazón, de prisa ysegún sus posibilidades.

La tercera respuesta cristiana es la oración: “Dales Señor a los sobrevivientes el consuelo que ninguna ayuda humana puede dar.” Esta respuesta va de la mano de la segunda. Si orar implica cerrar la billetera, ¡ay de ti! La oración le da continuidad a la ayuda, no la reemplaza. ¿Qué escucharemos de esta tragedia en un año, en cinco, en cincuenta? ¿Qué pasará cuando termine el show de los noticieros? La oración y la acción cristianas no pueden ir al ritmo de la “Noticia de última hora.”

Pensemos ahora en lo último que se esperaría de un cristiano en una tragedia así. La antepenúltima y menos bíblica de todas las respuestas es la indiferencia: “pobres tenemos aquí también.” Este tipo de respuesta generalmente no se duele ni de los de Haití ni de los de acá. Si nos dolemos, que sea de ambos.

La penúltima y menos cristiana de todas las respuestas ante una tragedia de estas proporciones es interpretar lo ocurrido. Debemos pensar en las implicaciones de esta incomprensibilidad porque si digo “no se lo merecen”, simultáneamente estoy afirmando que otros sí se lo merecen. ¿Incluido mi país? ¿Cuáles hechos califican?

Y la última y menos bíblica de todas las respuestas que cualquier cristiano sensato pueda dar es interpretar tales acontecimientos como castigo divino, especialmente cuando piensa que él es Abraham, Lot, Noé o Jeremías y que pecados son solamente los relacionados con el culto. Pablo no interpretó la pobreza extrema de los judíos cristianos de Jerusalén como castigo divino. Más bien, la vio como una oportunidad para que los cristianos del resto del mundo se solidarizaran con los pobres de Jerusalén. Lo peor que uno puede hacerle a alguien que sufre es darle explicaciones teológicas, y mucho menos condenatorias. Las explicaciones, si acaso las tenemos, habrán de darse con humildad y en el momento apropiado. El cristiano está llamado a consolar, no a dar latigazos con retazos de Biblia.

Un terremoto tiene una interpretación histórica y sociológica, pero también una interpretación teológica. En cada una se requiere una distancia de tiempo para saber qué decir. Los eventos no se pueden interpretar cuando están ocurriendo. Con respecto al terremoto de Haití, todavía no sabemos qué ocurrió. Probablemente la interpretación esté en la respuesta de la humanidad a corto y a largo plazo. ¿Sabe qué pasó con las víctimas del tsunami de 2004 en el Océano Índico? ¿Sabe cómo se levantaron los europeos después de dos guerras devastadoras en el siglo xx? Curiosamente, mientras los unos empiezan a interpretar los otros empiezan a olvidar las interpretaciones.